¿Quién de nosotros no se transforma cuando tiene la posibilidad de hablar con alguien a través de algún programa como MSN? ¿Quién de nosotros no se desinhibe al dejar un mensaje en un foro de discusión con algún “nickname”? ¿Quién no encarna en el personaje del videojuego que llama tanto su atención? ¿Quién no cambia su humor al encontrar lo que tanto había buscado en Google?
Las generaciones de ahora, las que vivimos gran parte de nuestra vida en el ciberespacio, no podemos negar que somos personas proteicas. Con este término no busco hacer referencia a algún elemento vital para nuestro cuerpo (aunque efectivamente el ciberespacio, como las proteínas, comienza a ganar más terreno convirtiéndose en elemento vital para nuestro buen funcionamiento), sino más bien al dios griego marino, Proteo, quien contaba con la capacidad para transformase en otros seres cuando se encontraba en peligro de ser atrapado. Con esta asimilación, el “yo proteico” hace referencia a la habilidad del hombre para adaptarse a un medio, para camuflarse con él, para ser parte de él. Es importante destacar que el ciberespacio es un mundo creado por el hombre pero no por esto todos tenemos la capacidad de adaptarnos. Rifkin argumenta que las nuevas generaciones somos seres humanos que hemos crecido en un mundo muy diferente al de nuestros padres, “han crecido en urbanizaciones de interés común, su atención sanitaria corre a cargo de seguros médicos privados. Piensan en sí mismos como intérpretes más que como trabajadores y quieren que se les considere antes su creatividad que su laboriosidad” (Jeremy Rifkin, Ley del acceso. Barcelona. Paidós. 2000. Página 247). De esta cita, me parece importante destacar dos aspectos, el hecho de pensarse en sí mismos como intérpretes y el considerar en primer plano la creatividad. Hoy en día, vivimos una época en la que casi todo puede hacerse por las máquinas excepto el generar ideas, por lo que los jóvenes buscamos ser reconocidos por las creaciones que se dan en nuestras mentes y competir así de cierta forma con las máquinas. Todo el conjunto de factores en el que vive la juventud de hoy, hacen que ésta cree una forma de pensar totalmente diferente a la que tienen las generaciones arriba. Este modo de vida esta íntimamente entrelazado con el ciberespacio, lugar donde una persona puede transformarse, camuflarse, cambiar totalmente para ser como quiere ser. En conclusión, el “yo proteico” habla de cómo los jóvenes actuales tenemos la capacidad de adaptarnos a los nuevos medios que surgen día a día; cómo logramos navegar en sitios como Google sin perdernos (a diferencia de muchos adultos); cómo llegamos a socializar gracias a juegos en línea o MSN. En pocas palabras, el “yo proteico” es la capacidad de las nuevas generaciones para adaptarse al mundo creado por estas nuevas generaciones.